Amén

por | Feb 25, 2019 | Sociología Política

 “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” Epístola a los romanos 13:1–2

El fragmento bíblico antes mencionado, es la base fundamental de la teoría del “Derecho Divino de los Reyes”, que consiste un planteamiento de Robert Filmer en el cual sostiene que la autoridad de un rey para gobernar proviene de la voluntad de dios, sea cual sea el dios de la comunidad que se gobierna, y no de ninguna autoridad temporal, ni siquiera de la voluntad de sus súbditos, ni de ningún testamento. Elegido por su deidad, el monarca sólo responde a él mismo y sólo debe responder por sus acciones ante Dios, ante nadie más y llevarle la contraria, pensar distinto o dudar de su palabra son entendidos por defecto como actos contrarios a la voluntad de Dios, pues la palabra del monarca y la de él, son las mismas.

Sin embargo, la naturaleza humana está orientada al pensamiento crítico, a la duda, a preguntarse el “¿Por qué?” de las cosas, con lo cual dio origen a un hecho que marcó un antes y después en la historia de la humanidad. La secularización (división de la religión y la política, del Estado y la iglesia) comienza en el siglo XV y se concreta más puntualmente en el siglo XVIII con el movimiento de la ilustración, el cual planteaba luchar contra la ignorancia y el misticismo, a los que había que acabar por medio de la difusión de las ciencias y el empleo de la razón, posteriormente también aparecieron críticos de la religión planteando la división entre lo que la religión impone y la vida civil, resaltando que frente a un mundo regido por las creencias y normas religiosas, era necesario una sociedad de individuos racionales, guiados por principios laicos y leyes universales.

Una vez caído el sistema monárquico en la inmensa mayoría del mundo, la revolución francesa va como pionera en esto, nace la República y con ellas “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” y  “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” y aparece el “Contrato Social”, donde se plantea vivir bajo un Estado de Derecho, donde se plasma por escrito que el poder político, social, etc, no es de dioses, es de humanos, por humanos y para humanos. En él se establecerán derechos, deberes y limitaciones tanto para el Gobierno de turno, como para el Estado y los ciudadanos.

De acá en adelante pasará a ser la política y los sistemas políticos que hoy conocemos en el mundo moderno, la política se racionalizó a través del estudio de diversas disciplinas, como la historia, sociología, economía, administración, el derecho, psicología, antropológica, la política comparada, estudios de los partidos, etc. Los políticos dejaron de ser dioses, dejaron de tener el “derecho divino” para gobernar y pasaron a ser lo que siempre fueron, seres humanos sin poderes mágicos, que comenten aciertos y errores, dependiendo de las medidas políticas que tomen en su administración, que se les puede y debe cuestionar, oponérsele, incluso, derrocarlos si acaso éste viola los derechos fundamentales e inalienables de un ser humano como lo son su vida, libertad y propiedad.

Pero en Venezuela no parece haber sucedido esta racionalización de la política, y a pesar, de que según tenemos República desde 1810, vemos una conducta de adoración a los caudillos, una conducta mesiánica, una obediencia y endiosamiento de los políticos, donde se ve mal a todo aquel que difiera del “líder”, se le ataca, se le aísla, se le bloquea, cuando no, se le mata. Donde la ley es opcional y se cumple al antojo del caudillo de turno, donde el Estado no es el aparato administrativo racionalizado y neutral, sino que funge como un brazo a la orden del mesías, parafraseando a Laureano Vallenilla Lanz en su libro El “Cesarismo Democrático”, podemos decir que nos adelantamos al dar el nombre de República a lo que en ese momento era Venezuela y más equivocados aun, en darle el título de ciudadanos a quienes no tenían la más mínima educación y formación cívica, creyeron que con títulos y leyes plasmadas en papeles ignorados cual panfletos idealizados, borrarían la “herencia psicológica” de la colonia, como la llamaba Laureano.

Pero ¿Por qué Venezuela no avanzó?, mientras en Europa se daban las revoluciones contra la monarquía y se promovían las ciencias y la razón, Venezuela estaba bajo el dominio de la corona española que, no era tanto el problema el dominio imperial, sino la etapa en la que se encontraba esta corona. La corona española que forja a Venezuela es la católica y en pleno proceso de inquisición, aquel antiguo tribunal eclesiástico establecido para descubrir y castigar las faltas contra la fe o las doctrinas de la Iglesia, donde estaba prohibido pensar diferente al dogma, donde el “Index librorum prohibitorum” (Índice de libros prohibidos) promulgado en el Concilio de Trento seguía vigente, libros de investigación científica como los de Nicolás Copérnico, Francis Bacon, Voltaire, Pascal, Jean-Jacques Rousseau, entre otros, jamás habían sido abiertos o si quiera permitido su ingreso en la colonia venezolana, la razón, la ciencia, la lógica, nunca fueron características de nuestros orígenes.

A esto hay que sumarle la escolástica, es decir, trajeron aquella teoría muy trabajada, sin crítica interna, que resulta conservadora y sin ideas renovadoras, donde se obligaba la obediencia a la palabra del cura, donde la orden de la autoridad política se cumplía porque él representaba a la corona y la corona representaba a dios, no existía libre pensamiento, investigación, dudar era un delito, era simplemente creer y confiar a ciegas.

Esto se refleja en la reacción de los venezolanos ante el primer gran caudillo: José Tomas Boves quien valiéndose de los resentimientos sociales de las clases más bajas contra los abusos y explotación de que eran objeto por parte de los “Mantuanos”, desencadenó una feroz ofensiva contra los ejércitos independentistas, tanta era la adoración de las clases populares a este caudillo, que lo llamaban “Taita” que traducido significa Papá.

Otro ejemplo de caudillo fue Páez, quien también se gana el apoyo popular al prometer otorgar títulos de tierra a las clases populares y jefes del ejército de independencia, seguidamente se le comenzó a gritar “General, usted es la patria” y seguidamente, al fallar estas promesas, otro caudillo nació: Ezequiel Zamora, quien usando las mismas estrategias Boves y Páez, es decir, el resentimiento y victimismo, se gana el apoyo de la masa hablando de justicia social, igualdad, etc y comenzó a invocar consignas como “muerte a los blancos”, “todo para los pobres y nada para los ricos”, y “mueran los que saben leer y escribir”.

Otra escena de caudillismo, escolástica e inquisición, fue la escena nefasta que interpretaron el General Pedro Carujo y el Dr. Vargas, marcando por mucho, lo que sería ser “político” en Venezuela. En esta escena Pedro Carujo se dirige al muy honorable Dr. Vargas, presidente de la República en aquel entonces: “Señor Vargas, el mundo es de los valientes.”, a lo que el Dr. Vargas respondió: “No, el mundo es del hombre justo, es del hombre de bien, y no del valiente, es del que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su conciencia.”. El hombre salvaje contra el civilizado, el hombre de instintos primitivos contra el hombre de moral, principios y educación, así marcó esta escena la historia política de nuestro país.

Y así pasamos de caudillo en caudillo, como José Tadeo Monagas quien organizó un asalto al Congreso de la República, pues ahí se discutía enjuiciarlo por hechos violatorios de la constitución, más específicamente por haber ejercido facultades extraordinarias ilegalmente, emplear la fuerza armada sin consentimiento del Consejo de Gobierno y de haber ejercido la administración fuera de la capital, lo que derivó en que el poder Legislativo y el Judicial perdieran su independencia y se sometieran a la voluntad del presidente de la república.

Otro gran caudillo fue Juan Vicente Gómez, quien cuenta con una gran cantidad de reformas constitucionales a conveniencia, personalismo del Estado y sobre todo, 27 años de gobierno, en los cuales se balancean entre una visión dictatorial y otra que busca medir sus grandes logros en cuestión de políticas públicas. Saltando los años, caemos en la era del neocaudillismo, de la institucionalización del caudillismo, mesianismo y personalismo, esto en cuanto a la llegada de los partidos políticos al poder en 1959 bajo la figura de Rómulo Betancourt con su partido Acción Democrática.

Acá sucede algo muy importante en nuestra estructura social como nación que es importante resaltar, Rómulo Betancourt y su partido político es de corte socialista, esta ideología trae consigo un modus operandi igual que el de la inquisición, exige obediencia, coarta la libertad de expresión, prohíbe ser libre pensante, llevar la contraria es un delito, violenta la vida, libertad y propiedad de los individuos, es necesario que se tenga un líder mesiánico que los guíe, por lo cual crea dependencia del Estado en este caso, llega el clientelismo político y el paternalismo gubernamental.

Así pasaron cuarenta años de acondicionar a una sociedad que, cegada por el keynesianismo y la ideología de izquierda tan romántica de la época, se volvieron ovejas de un sistema, se reactivó en ellos el gen pasado de adoración caudillista, ni siquiera obedecían a los planes de gobierno de sus partidos, sino al líder carismático de turno, Carlos Andrés Pérez o Caldera, entre otros, anularon todo vestigio de individuos, de ciudadanos, y pasaron a ser el “pueblo”, la masa.

Sin embargo, el efecto de esta época de caudillismo partidista llegó a su punto de quiebre en los 90´, pues ya había pasado la ilusión de bonanza producido por su modelo económico socialista, con lo cual abonó el terreno perfecto para un nuevo Boves, un nuevo Ezequiel Zamora, un nuevo cristo según la iglesia que nos conquista y ese fue, Hugo Chávez, quien irrumpe en el escenario dando un golpe de estado, acompañado de un discurso donde evoca los mismos argumentos de los anteriores caudillos: el resentimiento social, el victimismo, promesas de acabar la desigualdad, de quitarle a los ricos para darle a los pobres.

Esta propuesta fue muy bien acogida, pues ya los venezolanos tenían 40 años de condicionamiento socialista y Chávez, debido a que sus padres pertenecían al partido socialista “Comité de Organización Política Electoral Independiente” (COPEI), se había formado en la izquierda, además de ser el pupilo de Fidel Castro, quien ya había fallado al educar y apoyar a Betancourt en el 58. Chávez recibe el apoyo de empresarios, medios de comunicación, “intelectuales” y del “pueblo” y se hace del poder con el 56.20 %. Los 14 años venideros ya sabes lo que ocurrió: expropiación, desaparición del estado de derecho, inflación, persecución, encarcelamiento, muerte, hambre, violación de los derechos humanos, satanización de la academia, en pocas palabras, una dictadura al mejor estilo socialista.

Pero el problema continuó, por obvias razones, el descontento contra Chávez y su dictadura creció y la oposición, quienes profesan la misma ideología del régimen (socialismo), comenzó a tomar fuerzas y su poder político aumentó considerablemente, con lo cual comenzaron a aparecer figuras mesiánicas, caudillos, en el seno de sus organizaciones, ejemplo de esto fue Manuel Rosales y su partido Un Nuevo Tiempo (Miembro de la internacional Socialista), quien fue candidato presidencial en el 2006 y el “pueblo” lo adoraba como gran líder, pero a medida que la crisis se agravaba y el descontento contra la dictadura aumentaba, los liderazgos mesiánicos y las actitudes del “pueblo” de buscar, necesitar, idolatrar a un líder mesiánico carecían.

Llegó el 2012 y un nuevo mesías “opositor” apareció: Henrique Capriles Randonski, la gente se volcó a él, usaban sus consignas muy religiosas “los tiempos de dios son perfectos”, en una intención de ceder la responsabilidad a él, así también usaban  la indumentaria cual hábitos a los monjes (gorra tricolor), lo llamaban cariñosamente “Flaco” como cual fanático llama a su dios “papá” y pobre aquel que hiciera crítica a este líder, pues sería víctima de violencia por sus seguidores, con lo cual la condición de libre pensante, de liberal, en Venezuela pasó a ser algo peligroso, eras atacado por los seguidores de la dictadura y por otro lado, eras atacado por los seguidores de la “oposición”. El liderazgo mesiánico de Henrique Capriles terminó en el 2013 cuando se vendió al régimen y entregó las elecciones presidenciales en las cuales compitió contra Nicolás Maduro, sin embargo, aún guarda su séquito de adoradores.

Otra evidencia de la presencia de la actitud mesiánica y escolástica fue luego de muerto Chávez en el 2012, pues éste fue convertido, literalmente, por sus seguidores, en un santo, en una imagen de adoración religiosa, en  un Dios, se le llegó a  levantar un templo a su adoración llamado “cuartel de la Montaña”, pero la prueba más fehaciente es la elección Nicolás Maduro como presidente de la República, pues esta elección estaba rodeada de misticismo, ya que Chávez en vida había anunciado que su “elegido”, que su “hijo”, para que continuara su “legado”, su “ mensaje”, era Nicolás Maduro, de forma que éste no sólo asume la presidencia de la república, si no también la imagen de “hijo de dios” una especie de Jesús De Nazaret.

En el 2014, vino el otro “nuevo mesías”, esta vez encarnado por Leopoldo López, quien, en la psiquis de la masa, se “sacrifico por nosotros para expiar los pecados” y se encarceló por propia voluntad, además de tener una esposa e hijos, quienes cumplieron ese rol de “sagrada familia”, la adoración personalista en torno a Leopoldo fue la más radical, su lema religioso se hizo culto: “Fuerza y Fe” y todos los que nos oponíamos a él, éramos considerados casi como “herejes”. Su liderazgo mermó cuando su esposa se comenzó a reunir con personajes del chavismo, darle gracias y reconocerlos como necesarios para comenzar la “nueva Venezuela”, como por ejemplo los hermanos Rodríguez y Juan Barreto.

Pasado fatídicos 2 años (2015) del nuevo “reino de dios” bajo el mando del “Cristo” Nicolás Maduro, llegó el nuevo caudillo de la “oposición”: Henry Ramos Allup (Vicepresidente de la internacional Socialista) y su partido Acción Democrática (Miembro de la Internacional Socialista), quien asumió la presidencia de la Asamblea Nacional y el “pueblo” reaccionó encantado con su forma de hablar, imitaban sus frases como: “aquí las cosas cambiaron diputado” o “el tiempo lo llevo yo, no usted” y el punto de adoración llegó a la cima cuando tomó acciones “radicales” y ordena sacar el cuadro de Chávez del hemiciclo de sesiones. El mesianismo de Allup duró hasta que prefirió “doblarse para no partirse” y apoyar diálogos y elecciones fraudulentas, hoy por hoy, goza de bastante rechazo.

Llegó el 2019 y se despertó un nuevo mesías y de forma exprés: Juan Guaido, un socialista de Voluntad Popular (partido miembro de la internacional socialista) quien nadie sabía quién era, pero asumió la presidencia de la Asamblea Nacional y luego, por órdenes constitucionales y legales, asumió el puesto de Presidente Encargado. Al igual que Leopoldo, tuvo una suerte de “sagrada familia”, en la cual gozó de comparaciones con Bolívar y se le atribuyeron los mil y un milagros, resumidos en el argumento “él ha hecho en 30 días lo que no habíamos logrado en 20 años”, de nuevo la gente apela a la “fe” en el líder para resolver los problemas que solo los hombres y ciudadanos pueden resolver. Obviamente sucedió lo mismo que ha pasado con otros líderes mesiánicos: los que nos hemos opuesto, somos atacados como los “herejes”, aunque ya a este punto tienen un repertorio de insultos y acusaciones, como por ejemplo: “infiltrados”, “guerreros del teclado”, “divisionistas”, “suma no restes”, “eres del G2 Cubano”, “Cobardes”,  etc.

El panorama sociológico venezolano no pinta cambios pronto, si bien existe una gran cantidad de valientes ciudadanos que han decidido ser individuos pensantes, críticos, alzar su voz y romper esta tradición escolástica y de adoración a líderes personalistas, existe otra masa que exige, adora y esperan el mesías, con lo cual, en nuestro país, no ha existido un quiebre entre la religión y la política, la razón y lo místico-ocultista.

Un país que no racionaliza su política, está condenado al fracaso, el ciudadano tiene el deber de cuestionar, dudar e increpar a sus políticos, debe hacerles auditorias, seguimientos, contraloría, los ciudadanos no siguen a ciegas a un líder y aún en cuanto se le apoya, se debe mantener la razón y ser objetivos, evaluar resultados, pasados históricos, hechos. Lamentablemente esta no es la premisa de Venezuela y sus habitantes, acá sigue imperando el “derecho divino de los reyes”, donde se endiosa a los políticos y luego se les crucifica cuando, obviamente, no cumplen sus promesas del “reino de los cielos”, poco se ha entendido que Dios no existe en la política. Llevamos 2018 años esperando la segunda llegada de Jesús de Nazaret, no quiero yo esperar 2000 años para que mi país se levante y sea potencia capitalista y liberal.

“Dios no hará por los hombres, lo que los hombres deben hacer por sí solos”

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